en la sala de espera de la clínica


La vida va a tener que esperar. Una a dos semanas. Tal vez tres. Hasta que pase este pico de trabajo. Pero esta semana la vida se me coló en forma de mascota y no se sentó paciente en la recepción. Mi perro se enfermó. Bien malito. Aún no sabemos qué tiene. Y en mi calendario no había espacio para veterinarios, exámenes, drenajes, cuidados, tristeza (no me di cuenta a qué hora se me puso tan viejito). Pues hice tetris con mi agenda y me ocupé de él. La gran ironía fue esta: aplacé la sesión...